"El Santo" venció a momias, mujeres vampiro y científicos locos, pero hubo un rival al que no pudo aplicarle la "de a caballo": su propio corazón. Y el escenario de su última batalla no fue un ring, sino el legendario Teatro Blanquita.
Este 5 de febrero recordamos el día en que México se paralizó. Hace 42 años (en 1984), Rodolfo Guzmán Huerta, el hombre detrás de la máscara plateada, falleció tras sufrir un infarto fulminante poco después de una presentación.
El show debe continuar (hasta que el cuerpo aguante)
Era una noche cualquiera en el Teatro Blanquita, un recinto que en los 80s era el corazón del espectáculo popular en la CDMX. El Santo ya estaba retirado de la lucha libre (su despedida oficial fue en 1982), pero el gusanito del aplauso seguía vivo. Aquella noche, El Santo participaba en un acto de escapismo y magia junto al Mago Yeo. No estaba luchando, estaba entreteniendo a su público, como siempre le gustó.
El momento del adiós
Cuentan los testigos y compañeros de esa noche (como la vedette Rosella y el Mago Mishel) que El Santo dio su primera función sin problemas. Sin embargo, al retirarse al camerino o durante el intermedio, comenzó a sentirse mal. Se quejó de un fuerte dolor en el brazo y el pecho.
A pesar de ser un roble, el dolor lo dobló. Fue trasladado de urgencia al Sanatorio Santa Elena (en la colonia San Miguel Chapultepec), donde los médicos intentaron todo, incluyendo una traqueotomía para ayudarlo a respirar, pero fue inútil. A las 9:40 p.m., la leyenda dejó de respirar.
El mito se congela
Lo curioso y casi profético es que, apenas 10 días antes de su muerte, El Santo había hecho algo impensable: se levantó la máscara (solo un poco y por segundos) en el programa Contrapunto de Jacobo Zabludovsky, mostrando su rostro al mundo por primera y última vez en televisión nacional. Muchos dicen que fue su manera de despedirse, de decir "este soy yo, y ya me voy".
Un funeral de película
Su funeral fue uno de los más multitudinarios que se recuerden. Más de 10 mil personas acompañaron el cortejo. Y como última voluntad, Rodolfo Guzmán pidió lo que todos esperábamos: ser enterrado con su máscara puesta. Nunca, ni en la muerte, dejó de ser El Santo.
El Teatro Blanquita ya no existe como lo conocimos, y El Santo es ahora una leyenda inmortal. ¿Tú llegaste a ver alguna película del Santo en el cine o te tocó ver sus luchas en vivo?
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