El Santo Grial del Lost Media: La primera película mexicana - Historias Horribles

El Santo Grial del 'Lost Media': La primera película mexicana se hizo en Yucatán... y desapareció para siempre

Mucho antes del Cine de Oro, dos jóvenes hicieron historia en 1916 con un largometraje épico del que hoy no queda absolutamente nada.

Hablar de Lost Media casi siempre nos remite a oscuros rincones del internet, cartuchos malditos de consolas retro o episodios censurados de caricaturas. Pero el misterio más grande y doloroso de nuestro país no está en un foro digital, sino en los cimientos mismos de nuestra cultura: el primer largometraje de ficción hecho en México está completamente perdido.

Para conocer esta historia, tenemos que viajar en el tiempo, mucho antes de que las grandes estrellas dominaran la pantalla. Corría el año de 1916 en Mérida, Yucatán. Dos jóvenes pioneros y visionarios, Carlos Martínez Arredondo y Manuel Cirerol Sansores, decidieron aventurarse a filmar una obra épica que documentara la guerra de Independencia.

1810 o ¡Los Libertadores de México!

Así bautizaron a su titánica creación. En una época donde el cine en el país apenas consistía en grabaciones cortas de tipo documental (como las vistas de Porfirio Díaz o fragmentos de la Revolución), estos yucatecos armaron una verdadera película bélica de larga duración.

El gran estreno se llevó a cabo el 27 de julio de 1916 en el fastuoso Teatro Peón Contreras. Fue un hito absoluto. Los periódicos de la época publicaron anuncios invitando a la población a ver este portento tecnológico y artístico. México había entrado, por fin, a las grandes ligas del séptimo arte.

Hoy en día, el único rastro de la existencia de esta película son recortes de periódicos amarillentos y las fichas técnicas polvorientas. Ni un solo fotograma de la cinta logró sobrevivir al paso del tiempo.

¿Cómo desaparece una película entera?

La tragedia del cine mudo mexicano es una historia de horror en sí misma. Se calcula que cerca del 95% de todo el acervo fílmico mudo de nuestro país se perdió para siempre. Las razones son brutales: en aquella época, las películas se imprimían en nitrato de celulosa, un material altamente inestable y explosivo.

Entre incendios en bodegas, el nulo interés de los gobiernos por archivar las cintas y el deterioro natural por el clima, obras maestras como 1810 o ¡Los Libertadores de México! se desintegraron. Es escalofriante pensar que los rostros de esos primeros actores y el esfuerzo de aquellos directores yucatecos se convirtieron literalmente en polvo.

El mayor tesoro de nuestra historia cinematográfica es hoy un fantasma irrecuperable.

Una pérdida cultural invaluable que nos recuerda lo frágil que es la memoria humana.

¿Crees que algún coleccionista privado tenga escondida en un ático alguna copia de estas cintas mexicanas perdidas, o se quemaron para siempre?

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