El macabro destino del Alas de Gaviota: El auto más caro y letal de Pedro Infante

El oscuro y millonario secreto en la cochera de Pedro Infante: El trágico final de su "Plato Volador"

Era la joya de la corona de sus lujos, un vehículo adelantado a su tiempo y conocido mundialmente por ser tan espectacular como mortífero. Esta es la historia del tesoro que el ídolo apenas pudo disfrutar.

Lejos de su imagen de carpintero humilde, Pedro Infante poseía una de las colecciones de vehículos más costosas del país.

Para millones de mexicanos, Pedro Infante siempre será recordado con la imagen del humilde Pepe el Toro sufriendo por las injusticias de la vida, o como el simpático agente que recorría las calles en una motocicleta. Sin embargo, la realidad de la estrella máxima del Cine de Oro estaba a años luz de la pobreza que retrataba en sus melodramas. Gracias a su enorme éxito, Pedro logró amasar una fortuna que le permitió adquirir lujos que la gran mayoría de la población ni siquiera podía soñar. Y si había algo en lo que no escatimaba, era en alimentar su sed de adrenalina.

El actor desarrolló una fascinación incontrolable por la velocidad, coleccionando no solamente motocicletas y aviones, sino también automóviles sumamente exclusivos. Pero entre todos sus preciados "juguetes", existía uno que destacaba por encima de los demás. Era la joya de la corona, su absoluto consentido: un despampanante Mercedes-Benz SL 300, mundialmente famoso por sus singulares puertas de apertura vertical que le valieron el apodo de "Alas de Gaviota".

Una máquina de la muerte disfrazada de lujo

Adquirir este vehículo no era cuestión solo de dinero, sino de extrema exclusividad. De este modelo tan particular únicamente se fabricaron alrededor de 1,400 unidades para todo el mundo. El vehículo de Pedro Infante abandonó la planta de Mercedes-Benz ubicada en Sindelfingen, Alemania, el 25 de mayo de 1956. Después de ser embarcado y cruzar el Océano Atlántico, llegó a manos del cantante. Se trataba de una imponente versión coupé con una inmaculada carrocería en color blanco y elegantes interiores tapizados en piel roja.

El precio pagado por el "Ídolo de Guamúchil" fue verdaderamente estratosférico para la época. Se estima que le costó entre 200 mil y 220 mil pesos. Para ponerlo en perspectiva, en la actualidad esa suma equivaldría a más de 2 millones de pesos. Las fuentes indican que, debido a lo prohibitivo de su costo, solamente llegaron unos cuatro ejemplares de estos automóviles a México.

Pero el "Alas de Gaviota" no era solo un rostro bonito; en su interior albergaba una bestia mecánica de alto peligro. Originalmente, este modelo había sido diseñado de manera exclusiva para las exigentes competencias deportivas en Alemania. Su motor de 6 cilindros en línea, con una capacidad de 3 litros, contaba con un avanzado sistema mecánico de inyección directa de combustible desarrollado por la marca Robert Bosch. Esta brutal potencia le otorgaba entre 211 y 215 caballos de fuerza, permitiéndole superar los nada despreciables 245 y hasta los 260 kilómetros por hora.

Esta descomunal y salvaje velocidad, combinada con su tracción trasera, hizo que muchos conductores sin experiencia sufrieran espantosos accidentes mortales. Por esta razón, el codiciado auto fue bautizado mundialmente con el macabro sobrenombre de "Widowmaker" o "hacedor de viudas".

"Mi Plato Volador": Un amor interrumpido por la tragedia

Lejos de sentir temor ante semejante máquina, Pedro Infante estaba enamorado de ella. Con ese particular sentido del humor que lo caracterizaba, decidió ponerle su propio apodo al auto y comenzó a llamarlo cariñosamente "Mi Plato Volador". El actor se paseaba con enorme orgullo por las incipientes avenidas de la Ciudad de México y lo presumía abiertamente a todas las amistades que visitaban su hogar. Incluso, durante 1956, fue fotografiado por la prensa descansando a bordo de este bólido mientras se encontraba en una pausa del rodaje de su película *Escuela de Rateros*.

Parecía que Infante tenía toda una vida por delante para recorrer miles de kilómetros a bordo de su extravagante adquisición. Sin embargo, el destino tenía un giro oscuro e irónico preparado para él. El hombre que había logrado domar a la bestia metálica conocida como el "hacedor de viudas" en la tierra, encontraría su trágico final en los cielos.

El fatídico 15 de abril de 1957, a los 39 años de edad, el cantante falleció de manera espantosa tras estrellarse el avión que él mismo piloteaba desde la ciudad de Mérida hacia la Ciudad de México. El país entero colapsó en un llanto colectivo, y en medio del caos, la viudez y las disputas familiares, el valioso Mercedes-Benz quedó en un limbo legal y afectivo. Pedro apenas pudo disfrutar de su costoso juguete durante unos escasos meses.

Tras su trágica e inesperada muerte en un accidente de aviación en 1957, los invaluables bienes materiales de Pedro Infante quedaron a merced de oportunistas.

Traición, desaparición y un rescate millonario

Si la muerte de Pedro fue dolorosa, lo que ocurrió con sus pertenencias raya en la indignación. De acuerdo con investigadores e historiadores, cuando el cantante falleció, su poderoso apoderado legal, Antonio Matouk, tomó posesión del vehículo deportivo. Sin embargo, los sentimientos nostálgicos no duraron mucho. Aproximadamente una década después de la tragedia, Matouk vendió el icónico automóvil a un coleccionista estadounidense, provocando que esta pieza invaluable de la historia mexicana cruzara la frontera y se perdiera en el extranjero durante muchísimo tiempo.

Durante décadas el paradero del auto fue un completo misterio, hasta que reapareció casi como un fantasma del pasado. Había transcurrido más de medio siglo desde que Pedro lo comprara cuando, en el año 2012, el famoso auto llegó a manos del veterano restaurador Fernando Gómez Urquiza. Aunque el vehículo se encontraba en condiciones consideradas como regulares, su nuevo dueño estadounidense quería que el experto lo dejara impecable para poder ganar en prestigiosos concursos de automóviles clásicos.

Hoy en día, las raras unidades sobrevivientes de un Mercedes-Benz 300 SL "Alas de Gaviota" están cotizadas en sumas escandalosas. Se calcula que el valor de este auto ronda sin problema los 2 millones de dólares, o bien, cerca de 25 millones de pesos. Una cifra gigantesca a la que, además, habría que sumarle el gigantesco valor histórico y emocional que los coleccionistas le otorgan por haber pertenecido al mismísimo Pedro Infante, poniéndolo en la misma selecta liga de otros famosos dueños de este modelo como Clark Gable y Sophia Loren.

Una historia sombría que nos demuestra de la forma más cruda que ni con toda la riqueza del mundo se puede comprar un solo segundo más de vida. Pedro Infante amasó fortuna y máquinas veloces, pero se marchó dejando su asiento vacío demasiado pronto.

¿Tú qué opinas de que su mánager haya vendido este tesoro nacional al extranjero? ¿Crees que este vehículo debería estar hoy exhibido en un museo de México?

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