El macabro final de "Tun Tun": De la riqueza absoluta a morir en la calle por una traición
Hizo reír a millones y amasó una enorme fortuna en el cine, pero José René Ruiz Martínez terminó sus días en el más oscuro abandono, despojado de todo por la mujer que consideraba el amor de su vida.
La historia del entretenimiento está plagada de relatos donde las luces, los aplausos y los millones terminan desvaneciéndose para dar paso a las sombras más densas. Sin embargo, pocos descensos a los infiernos son tan desgarradores, crueles y profundamente injustos como el que tuvo que soportar José René Ruiz Martínez, el actor que el público inmortalizó bajo el apodo de "Tun Tun".
Recordado por las audiencias como el pícaro bajito, el cómplice eterno en las aventuras de los verduleros y el hombre que siempre tenía la respuesta más ingeniosa en la punta de la lengua, Tun Tun fue, indiscutiblemente, una de las estrellas más brillantes y ricas del cine nacional durante las décadas de los 70 y 80. Pero el telón de su vida no bajó con una ovación de pie. Su final es una de las historias más macabras de traición y abandono que jamás haya presenciado la farándula mexicana.
Un gigante atrapado en un cuerpo pequeño
Para entender la brutal magnitud de su caída, primero es imperativo comprender la inmensa altura de su talento. Existe un mito generalizado que encasilla a Tun Tun exclusivamente en el llamado "cine de ficheras", pero la realidad es muy distinta. Nacido en el cálido puerto de Tampico, Tamaulipas, en el año de 1932, José René tuvo que enfrentarse desde su infancia al diagnóstico médico del enanismo.
En una época donde las diferencias físicas solían ser motivo de exclusión severa, lo que la genética pareció quitarle en estatura, la vida se lo compensó multiplicándolo en carisma, gracia y una agilidad verdaderamente sobrenatural. No era un simple actor de relleno o un recurso cómico fácil. Era un bailarín excepcional que deslumbró en la mismísima Época de Oro del cine mexicano. Fue nada menos que el legendario Germán Valdés "Tin Tan" quien descubrió su inmenso potencial, adoptándolo como su pareja de baile y actuación en la gran pantalla.
Quien observe con detenimiento obras maestras como El rey del barrio o Calabacitas tiernas notará que Tun Tun era un artista de primer nivel. Bailaba mambo, chachachá y swing con una precisión y un ritmo que muchos galanes de talla promedio le envidiaban. De hecho, su preparación y talento eran tan formidables que en la década de los años 50 cruzó fronteras, presentándose en los escenarios más exigentes de Nueva York y triunfando en Broadway. Era un artista culto, internacional y sumamente preparado.
Los millones y el imperio del Cine de Ficheras
El tiempo avanzó, los gustos del público se transformaron y la industria cinematográfica nacional dio un giro radical. Cuando llegaron los años 70 y 80, el auge de la sexy comedia y el cine de ficheras inundó las carteleras. Mientras muchos actores de la vieja guardia se retiraron asustados o indignados por el nuevo formato, Tun Tun demostró su versatilidad y se reinventó por completo.
Fue en esta etapa donde su cuenta bancaria experimentó una explosión sin precedentes. Se convirtió en la figura indispensable de la taquilla; sencillamente no había película de éxito en cartelera que no contara con su participación. Trabajó hombro a hombro con las grandes figuras de la época como Alfonso Zayas, César Bono y Luis de Alba. Se calcula que llegó a ser uno de los actores mejor pagados de toda la industria, acumulando millones de pesos, comprando lujosas propiedades, autos último modelo y llevando un estilo de vida que jamás habría imaginado de niño en las calles de Tampico.
El veneno del amor: Una trampa mortal
A pesar de estar rodeado de lujos, la soledad seguía siendo una constante en su vida íntima. Fue en la cúspide de su éxito cuando creyó encontrar el eslabón que le faltaba: el amor verdadero. José René conoció a Rocío Jens, una atractiva bailarina que laboraba en el mismo medio artístico. Ciego de enamoramiento e ignorando las severas advertencias de sus amigos más cercanos sobre las intenciones de la joven, Tun Tun se entregó por completo.
Para el actor, formar una familia junto a Rocío (con quien tuvo dos hijos) era el sueño máximo cumplido. Su agradecimiento con la vida era tan inmenso que cometió el error más fatídico de su existencia: en un acto de fe y amor desmedido, puso absolutamente todas sus cuentas bancarias, sus bienes y sus numerosas propiedades a nombre de su esposa y la familia de ella. Creyó ciegamente que ese amor duraría para siempre y que su futuro estaba protegido.
"Mientras él se desgastaba físicamente en los sets de filmación para hacer reír a millones y mantener a su familia como reyes, en su propia casa se gestaba en las sombras una traición lenta, fría y despiadada."
Despojado, humillado y echado a la calle
Con el paso de los años, el cuento de hadas comenzó a pudrirse desde adentro. Los rumores en los pasillos de las productoras aseguraban que la familia de su esposa lo manipulaba psicológicamente y que le arrebataban su dinero apenas cobraba sus cheques. Pero la verdad terminó siendo mucho más espeluznante que el peor de los chismes.
Cuando la salud de Tun Tun comenzó a deteriorarse debido a su avanzada edad y el ritmo implacable de trabajo, llegó la estocada final. Según los desgarradores testimonios de sus compañeros actores, Rocío Jens y su familia no solo le robaron cada centavo que tenía; le arrebataron por completo su dignidad. Lo despojaron legalmente de todas sus casas, vaciaron sus cuentas y, en un acto de maldad incomprensible, lo echaron a la calle.
El hombre que había financiado durante años una vida de excentricidades y lujos para ellos, el padre de esos niños, fue puesto de patitas en el asfalto, enfermo, sin un solo billete en la cartera y con el alma hecha pedazos. Sus propios hijos, ya sea por influencia de la madre o por una aterradora indiferencia, no movieron un solo dedo para ayudar a su padre.
Un asilo, lágrimas y un adiós en absoluta soledad
Destruido por la traición de su propia sangre, José René Ruiz tuvo que tragarse su orgullo y recurrir a la única familia real que nunca lo abandonó: el gremio actoral. Solicitó asilo de caridad en la emblemática "Casa del Actor" en la Ciudad de México. Maty Huitrón, quien dirigía la institución en ese entonces, relató con horror el estado paupérrimo en el que lo recibió: físicamente demacrado y anímicamente muerto en vida.
Los últimos meses del comediante más exitoso de México fueron un pozo de profunda agonía. Sus colegas relatan que pasaba las tardes enteras sentado en el jardín de la casa de retiro, con la mirada perdida, llorando en silencio. Sus palabras rompían el corazón de quienes iban a visitarlo: "Me quiero morir, ya no tengo nada que hacer aquí... mi familia me robó, me traicionaron". La tristeza lo devoró por completo, quitándole hasta las ganas de comer.
Finalmente, el 16 de octubre de 1993, el desgastado corazón de Tun Tun no pudo soportar más. Un infarto fulminante apagó la vida del "pequeño gigante" en la soledad de su austera habitación en la Casa del Actor. Pero la maldad humana aún tenía un último acto preparado. Durante su funeral, el dolor de sus amigos se mezcló con la rabia al confirmar lo impensable: ni su esposa, ni los hijos por los que dio su vida entera, se dignaron a asistir para despedirlo. Hoy sus restos descansan en el Panteón Mausoleos del Ángel, como un silencioso testigo de que, a veces, los peores monstruos no están en las historias de terror, sino durmiendo en tu misma cama.
El caso de Tun Tun es un brutal recordatorio de que ni los reflectores ni las montañas de dinero sirven como escudo frente a la avaricia humana y la falta de escrúpulos de quienes fingen amarte.
¿Tú qué opinas de esta escalofriante historia? ¿Crees que existe un karma para la familia que lo lanzó a la calle después de robarle absolutamente todo?
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